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El Blog de Belize

La increíble historia de la bicicleta que sabía volar

Yo sé que muchos de vosotros soñáis que voláis por las noches, como yo. Soñamos que nos caemos y despertamos de golpe. Soñamos con acabar los cuadernos de vacaciones antes de la Diada, cosa que nunca ocurre y los gobernantes del mundo deberían tomar cartas en el asunto.  Yo sueño con las tres paradas de tren que quedan hasta que veo a mis abuelos al otro lado de la ventana, cada mes de agosto. Y sobre todo sueño todo el año con el verano.

Me encanta viajar en tren. Los paisajes de las ventanas pasan muy muy rápido mientras que todo dentro va muy despacio. En mis orejas la mejor banda sonora,  La meva bici pot volar” y El tren està arribant”. Me da tiempo a escucharlas mil veces, hasta que por fin veo a mis abuelos, al otro lado. Viva Ben-Hur y vivan sobre todo mis abuelos.

Yo creo que los sueños se guardan en botes muy parecidos a los que mi abuela guarda las galletas, en el último armario de arriba, a la derecha; creyendo que ni mi abuelo ni yo sabemos donde está.

El verano está para soñar y este último ha sido mi gran verano. Yo creía que no se podía superar la sensación de libertad de “Aquel día…”

“Aquel día…” para mi padre y para mí (y para muchos niños del planeta) es el día que después de quitar las ruedas de atrás los padres, una consigue ante la atenta mirada de todos los presentes, mantenerse en la bici. En mi caso, es cierto que se tambaleó y no es menos cierto que el manillar parecía tener vida propia; como la barriga del abuelo en las siestas de la terraza, esas en las que todos admiramos sus ronquidos (famosos en toda la costa brava, preguntadle a mi abuela).

“Aquel día” lo conseguí y de repente mi bicicleta se convirtió en la bicicleta voladora. Nunca olvidaré esta sensación, por eso la canción de Viva Ben-Hur es una de mis favoritas.

Pero lo mejor del verano son estas horas dormidas, las primeras, en las que cojo la bici y bajo por la playa hasta la panadería del pueblo y compro el desayuno. ¡Soy la reina del mundo!

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